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Ventajas y desventajas de seguir un código de vestimenta laboral

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5 minutos de lectura

Entre el uniforme laboral y el dress code, cada vez es menos frecuente que corporaciones, multinacionales y compañías impongan un código de vestimenta en horario laboral a todos los miembros del equipo. Un símbolo de los nuevos tiempo para unos, un retroceso para otros. 

Desde que, semanas atrás, se diera a conocer un documento donde la Cancillería de Colombia daba pautas a los funcionarios y funcionarias sobre cómo vestir durante la jornada de trabajo, el concepto de código de vestimenta laboral ha vuelto a la actualidad.

En este “código del buen vestir”, la Cancillería aconsejaba a los funcionarios, hombres y mujeres, cómo vestir: desde el tipo de prenda hasta complementos como zapatos y también tonos de maquillaje (en el caso de ellas) y otros accesorios como joyas o relojes. Especial revuelo ha causado el punto referente a las zapatillas deportivas, expresamente vetadas bajo la siguiente premisa, “es nuestro deber proyectar una imagen seria, profesional y acorde con la misión, visión y los objetivos institucionales, por esta razón la presentación personal no puede estar acompañada de ropa informal (como los tenis) dentro de las instalaciones del Ministerio”.

A pesar de que, de acuerdo con la Cancillería, no es de carácter obligatorio, el documento ha abierto el debate sobre si son o no aconsejables (o incluso éticas) este tipo de iniciativas. Profundizamos en el término, analizando los pros y los contras de adoptar un código de vestimenta laboral. 

Qué es el código de vestimenta laboral

Cuando hablamos de código de vestimenta laboral nos referimos a una serie de pautas que indican cómo deben vestir trabajadores y trabajadoras dentro del horario laboral. Muchas compañías que establecen códigos de vestimenta lo hacen con el propósito de proyectar los valores con los que se sienten afines y para ser coherentes con el sector en el que trabajan.

Este código de vestimenta no suele imponer ningún atuendo concreto, sino que establece qué está permitido y qué no dentro del trabajo. Hay compañías que son más rígidas en estos aspectos, por ejemplo, las que se dedican a los sectores bancarios o financieros, aunque en la actualidad muchas han relajado estos códigos e incluso han dispuesto que el viernes los trabajadores y trabajadoras puedan llevar ropa más cómoda a la oficina.

Por lo general, con el código de vestimenta laboral se pretende que la moda que pueda llevar cada persona no afecte a la identidad empresarial. Y, aunque lo primero que nos venga a la cabeza al pensar en el código de vestimenta laboral sean atuendos más o menos formales, hay muchas maneras de entender este término o de implantarlo en la compañía. Todo dependerá de la imagen y la cultura empresarial que se desee proyectar, así como la forma en que quiera ser percibida la compañía.  

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Ventajas de implementar el código de vestimenta en tu compañía

Contar con un código de vestimenta laboral puede ayudar a la compañía a mejorar la reputación o a proyectar la imagen de marca adecuada, además de otras ventajas. Echamos un vistazo a todas:

  • Facilita formar equipo y crear sentimiento de comunidad. Vestir de forma parecida puede ayudar a promover el trabajo colaborativo entre trabajadores, trabajadoras y mánagers.
  • Mejora la reputación de la compañía, ya que ofrece un aspecto más profesional. 
  • Es más práctico. Ya nadie tendrá que preguntarse qué se pone para ir al trabajo. 
  • Ayuda a crear imagen de marca.
  • El código de vestimenta laboral puede allanar las desigualdades entre los equipos y crear un terreno común.
  • Cumplir con el código de vestimenta laboral implica mayor disciplina entre empleados y empleadas, lo que puede favorecer la productividad del equipo. 
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Inconvenientes de imponerlo

Sin embargo, no todo son ventajas a la hora de imponer un código de vestimenta laboral en horario de trabajo. Antes de decidirte a hacerlo, te recomendamos sopesar algunos de los inconvenientes que exponemos a continuación:

  • Cualquier código de vestimenta laboral restringe, en mayor o menor medida, la libertad de expresión de trabajadores y trabajadoras a través de la ropa.
  • Si el código de vestimenta es muy restrictivo, puede incomodar a parte del equipo de la compañía y, consecuentemente, bajar el nivel de productividad y de adhesión a la compañía.
  • Los códigos de vestimenta pueden ser aburridos y restar personalidad a la compañía, por eso es importante tomarse un tiempo antes de pensar qué imagen se quiere proyectar.
  • Si los trabajadores y trabajadoras se sienten incómodos cumpliendo los códigos de vestimenta laboral descuidarán su aspecto, consiguiendo justamente lo contrario a lo que se busca. 
  • Algunos códigos de vestimenta laboral pueden promover actitudes sexistas. Por ejemplo, si recomiendan a las trabajadoras llevar falda, zapatos de tacón o ir maquilladas. En este sentido, el Senador de la República Mexicana, Ricardo Monreal, impulsó una iniciativa que planteaba catalogar como discriminación y violencia laboral contra la mujer los códigos de vestimenta sexistas y que perpetuaran estereotipos, lo que deja claro que la mirada patriarcal y machista rige, muchas veces, los códigos de vestimenta laboral.

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Código de vestimenta laboral: ¿a favor o en contra?

Después de todo lo dicho, decidirse a implantar un código de vestimenta en la compañía podría ser ventajoso o no dependiendo de varios factores. El quid de la cuestión sería cómo elegir un código de vestimenta que represente a la compañía y, a la vez, respete las identidades individuales del equipo sin incomodar a ningún trabajador o trabajadora y sin caer en sesgos de género.

El primer paso para conseguirlo pasa por que el código de vestimenta sea coherente con la filosofía de la empresa y que represente los valores que definan la identidad empresarial. Y esto no implica, necesariamente, apostar por la falda midi o la corbata. De hecho, podría ser todo lo contrario: darle la libertad a los equipos de vestir como quieran puede ser un valor con el que se identifique una compañía. Una compañía que dice: no dejéis de ser quienes sois cuando venís a la oficina.

Un buen ejemplo sería el de Steve Jobs que, tras visitar la fábrica de Sony en Japón a principios de los años 80, quedó maravillado con los uniformes minimalistas del equipo, obra de Issey Miyake. Jobs decidió contratarle para que le ayudara a implantar un código de vestimenta en las oficinas de Apple en EEUU, similar al que había visto en Sony. La idea no tuvo buena acogida entre los trabajadores y trabajadoras, por lo que Jobs la desestimó, no sin antes trasladarla a sí mismo. Dicho y hecho: a partir de ese momento vestiría siempre con jerséis de cuello vuelto negros (diseñados por Miyake), jeans y zapatillas en sus apariciones públicas. Una suerte de código de vestimenta laboral de uso personal que hacía destacar la sencillez de su producto a la vez que creaba una seña de identidad estética que otros muchos han copiado. 

Aunque, por supuesto, aquí se puede contraargumentar que esta fue una elección propia y no impuesta. Por eso, una buena práctica sería consultar con mánagers y diferentes miembros del equipo antes de imponer un código de vestimenta. De este modo, todos y todas participarían en el proceso.

Si te decides a implantarla, sopesa pros y contras, comparte las ideas con tu equipo y piensa en qué imagen quieres dar al mundo. Quizá, a diferencia de la Cancillería de Colombia, tú decidas que los tenis son el calzado perfecto para vestir en horario laboral. 

Soy Olga Tamarit, Graduada en BBAA con especialidad en cine y audiovisuales, he enfocado mi trabajo a la comunicación y la gestión de medios online. Tengo un máster en Gestión cultural y durante estos años he vivido en Londres y Madrid, aunque hace algún tiempo que estoy instalada en València, desde donde colaboro con varios medios y marcas.

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